Fue cliché, pero llegamos en medio de una fuerte tormenta. Cuatro de la tarde y en los taxis, todos hablan español. El panorama, una gran nube gris y un pequeño Manhattan, cruzamos el río, pasamos por la terraza de un restaurante mexicano y unas calles alrededor encontramos el hotel. No muy impresionante la entrada pero al llegar al 22M la vista de la ciudad era sorprendente, no hermosa, solo sorprendente; nuestro apartamento miraba hacia Chinatown y hacia el sur, fábricas humeantes, avenidas congestionadas, la ciudad en la ventana estaba atrapada por esa luz blanca que trae la lluvia.
Al otro día fuimos hasta Alwife, el final de la línea roja, pues cerca de ella íbamos a vivir. En Alwife no hay nada aparte del hoyo negro de Dunkin Donuts; luego bajamos a Davis Square, fue agradable la sensación de pueblito europeo, un poco viejo y un poco inglés, caminamos alrededor y encontramos una venta de garaje, y es que no hay que ver lo que la gente vende, se pueden encontrar hasta cortaúñas y balas usadas, libros que han vivido detrás de la nevera por unos cuantos lustros e infaltables juguetes sin ojos. Yo que no soy una experta me pregunto a qué parte del consumismo pertenece este género de transacción, es eso básico, avanzado o decadente?
Dos estaciones más adelante nos gustó Harvard, a Camilo “no le molestaría vivir ahí”. Y todos los turistas al salir de la estación nos preguntamos lo mismo: dónde está la Universidad? No hay a primera vista grandes facultades ni impresionantes monumentos, pero todo es Harvard y está inmerso en la ciudad, en esta zona de la ciudad de Cambridge entre Porter Square y Central Square. Las facultades son edificios o casas que se pueden confundir con dormitorios pues muchos comparten el mismo estilo arquitectónico inglés de ladrillo rojo oscuro con marcos geométricos de hormigón blanco o pueden ser simplemente setenteros como el Science Center.
Al día siguiente fuimos al mar, más exactamente al puerto que hay cerca del acuario y más adelante de Quincy Market, no se siente la inmensidad del mar, media vuelta y de regreso al centro de la ciudad, fuimos al Boston Common y recordé que cuando fui a El Retiro en Madrid pensé que era pequeño, sin embargo este tiene canchas de tennis abiertas 24 horas que durante el mes que vivimos cerca no fuimos ni una vez.
Después de haber recorrido treinta apartamentos acompañada por 6 brokers que ganan solo por comisión, Camilo decide ver el primero con un griego llamado Romeo, esa misma mañana habíamos rechazado uno piso cerca de MIT, era cómodo, práctico, moderno y por encima del presupuesto, mientras el de Romeo quedaba en Harvard y tenía la vista más encantadora que había visto en ningún apartamento, árboles frondosos en un patio interior que se ve a través de las 5 ventanas de la casa, ese mismo día lo separamos, vimos dos más en Central Square pero entre el ruido y el desfile de locos de la zona no lo pensamos más, los de Harvard debían ser mejores vecinos.
Llevamos ya 15 días en el apartamento de Harvard y aunque llegué a ser detractora por la distancia que hay hasta la estación del metro, me encanta estar acá. Ahora mismo hay varios sonidos intensos entre obras y los cables de la energía que seguro no van a explotar pero por el sonido, bien que podrían. Sin embargo al fondo se alcanzan a sentir algunos ensayos de la escuela de música que queda literalmente a la vuelta de la esquina y en un par de horas se escuchará lo que Camilo con los ojos cerrados llama "sonidos de la infancia", cientos de grillos y bichos que si no fuera por el angeo ya se hubieran instalado acá.
Tuesday, September 8, 2009
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2 comments:
Pensaba que eras fotografa, pero esta claro que los ojos ven inmagenes, las imagenes son ideas y las ideas palabras.
Escribe más, me hace sentirme en el Azul, o en la plaza de las comendadoras.
Así puedo contarle a Ayla(creo que en mi desmemoria del olvido le cambié el nombre)en bajito las cosas que tu me cuentas mientras miramos por la ventana del sotano el trozo de cielo celeste que para vosotros será nocturno, como el de Silva.
Y soñamos con Harvard y Boston y esos sitios tan de pelicula.
Es raro, te echo de menos.
Me encanta...sentí una descripción del estilo de Amelie y por un instante me trasladé allí...quiero más.....quiero volver a viajar allí. besos , te extraño
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