Tuesday, February 17, 2009

Barcelona día 2. Calle del Pintor Fortuny

Linda me había dicho que estuviera a las nueve en el Parc Güell, decidí llegar más tarde, tomé varios caminos equivocados y cuando llegué supe que mis pantalones iban a ser un problema, el intenso calor era más acorde con los cactus del parque. El turismo es un nuevo opio, dadle al pueblo tarifas baratas de avión y ya no recordarán ni para qué es un parque, la experiencia ha sido borrada por la fotografía compacta. En el mirador un músico de viento tocaba una de las canciones del Mago de Oz, le doy unas monedas y nos damos las gracias mutuamente. El mosaico es frío pero la gente se sienta poco porque prefiere el mirador. A lo lejos se ve el pepino, hay un edificio igual en Londres pero este es de colores, acá le dicen la polla. Veo la Sagrada Familia y el mar, encuentro caminos entre los árboles y flores entre los cactus, las fotos me quedan bien. 3€ por entrar a la casa de Gaudí, veo las sillas que me gustan, parecen hojas de trébol de madera maciza, pulida y amarillenta, son perfectas para discutir, las dos personas al sentarse mirarán en direcciones diferentes, no las puedo tocar. La casa es fascinante, una sola habitación en la primera planta con una cama de asombrosa austeridad, sin embargo Gaudí era un hombre social, las sillas, los techos y las semi-puertas de vidrio verde hablan entre ellas y con la visita, el labatorio es una pieza de relicario. Al salir quiero llevarme algo conmigo, pero las tiendas son tan anodinas, me llevo aunque solo en foto un carrusel hecho en mosaico, traía un camilito imaginario del tamaño de un minúsculo jinete, es perfecto para los dos. Bajamos buscando el lagarto, pasamos frente al guitarrista pero solo encontramos a wally, perdido entre la multitud. Voy a encontrarme con Iván para almorzar, bajo buscando la estación del metro y nuevamente sin saberlo llego a la casa, es una suerte que me pueda quitar el pantalón. Primero llamo a la puerta del mismo número pero en otro edificio, error de cálculo, al llegar Antonio está arreglando una bicicleta con Alfon quien aunque es español tiene acento argentino pero en realidad vivió en Cuba. Me pongo una falda y me voy. Con Iván hemos decidido vestirnos de guiris y lo hacemos muy bien. Bajamos nuevamente al puerto al lado del monumento de Colón y tomamos algunas fotografías, luego vamos a buscar donde almorzar, llegamos a la catedral gótica a la que no voy a entrar, encontramos un menú que está bien y nuevamente la música en vivo se mezcla lentos parpadeos y me hace sonreír. De verdad que me queda fácil ser feliz. La comida no es muy especial y el pescado no sabe a nada, debe ser porque a Barcelona van muchos británicos y ellos no comen sal. Como no tengo protegidos los hombros, ellos quedarán rojos por el resto del viaje. Había planeado no ir al Marés, supuse que sería como el Lázaro Galdeano y así fue, debí seguir mi instinto, pero me divierte la gente correcta y a veces me dejo arrastrar. Tres horas y media entre vírgenes góticas y cristos dorados, clavos, tijeras, abanicos, estampillas, objetos hechos con pelo, cascanueces y miles de objetos que nos hicieron dudar de la integridad de Marés, un escultor y profesor universitario que por muy hábil que fuera en las subastas, reunió una colección que no es normal. Me encuentro con Mauricio a las 6:40 frente a la catedral, vamos a un bar que no volví a ver pero allí pude satisfacer mi antojo de mojitos mientras conversábamos en el sillón de cuero del fondo que casualmente estaba vacío. Hablamos de todo y de diez años de distancia, de los amigos comunes y personas nuevas, ahora se que en verano siempre hay luz en Noruega, lo había leído pero es mejor cuando alguien lo cuenta. Vamos a su casa y conozco a Mayka, su novia noruega, ella ve un programa de televisión en el que una mujer mayor disfrazada de conejo rosado dice cosas que no la dejan parar de reír, tiene una sonrisa amplia y contagiosa, nos ofrece una sopa y se va a trabajar a Flamingos, donde iremos más tarde pues Mauricio toca esa noche allí. El tiene un piercing en el labio, es difícil dejar de mirarlo, en Barcelona todos llevan piercings aunque los de Mayka no se ven. Yo logro llevar algo de maquillaje y una diadema metálica por la que no pagué. Me siento junto a Mauricio que es un gran conversador, mientras tanto el toca y algo me enseña sobre pinchar, están pasando Vanishing Point. Una soltera británica con un parpadeante anillo de plástico se dirige a Mauricio y le dice que podría follar toda la noche, solo logra robarle un beso en los labios y luego salta al dueño del bar. Mayka se ríe un poco, todos sabemos como son las despedidas de soltera inglesas. Tomo un horses back y pronto me debo ir, el sábado debo comenzar la exposición para la que no estudié y leo lo que no debía. Se que no me lo voy a aprender. Esa noche Isabel duerme con su novio y yo en su habitación.

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